miércoles, 11 de noviembre de 2020

Otoño en Granada, por Victoria Ponce

 

Ph: Alejandra Pérez Tujague
 

 

1

 

me gustan las hojas del otoño

me enseñan que hay descensos

delicados y públicos

formas de caer así

en mitad de la calle

muertos de belleza

 

2

 

esta hoja

caída

herida por un rayo de sol

inocente

es una carta que el árbol escribió

cuando el amor era verano

 

no pudo rozar las ráfagas

sin estremecerse

 

ahora

es el mensaje más bello

el más indescifrables

de los que trasporta el viento

 

3

 

puente caducado

río extinto

¿quién cruza este espejismo

sin desierto?

 

por el surco improvisado

o por el surco sabido

el río desapareció

queda una hoja seca

mensaje melancólico del árbol

ensayo de un vuelo

fenecido

 

ahíta de rayos solares

la hoja cicatriza

la herida que sangra

en la raíz

 

4

 

¿quién se queda con la lluvia?

agua como manto de niebla vencida

transitoria y esencial

 

dispongo de una raíz

crecida tierra adentro

multiplicada

nunca inmóvil

 

como el árbol

me despido de las hojas

de las puertas que abrí

para llegar al carnaval secreto

 

como la hoja

me desprendo del tronco madre

como si fuera posible una vida sin pasado

 

la raíz se queda

con la lluvia

para multiplicarse

 

5

 

si pudiéramos saber qué hay

después del relámpago

en la grieta que anuncia una zona

de espejismo

 

si supiéramos caminar

con las ausencias

miraríamos los rayos de sol

que hirieron las hojas

 

sin dolor

caeríamos

muertos de belleza

en la angosta vereda que conduce

a la campana que suena

en la estación desaparecida

 

aprenderíamos a esperar

en el silencio que impone la música

del sueño

 

 

 


Victoria Ponce nació en Azul, Provincia de Buenos Aires, Argentina, en el año 1987.

En el año 2011 se graduó en derecho y posteriormente cursó la carrera de letras en la Universidad de Buenos Aires. Sus textos, poemas, artículos y cuentos han sido publicados en revistas culturales y medios de prensa de Buenos Aires, como Revista El Otro, El pasajero, Cosecha Roja y Plaza de Mayo. Ha participado en diversos ciclos de poesía, lectura y arte. Dirigió talleres de escritura creativa en Argentina, México y España. Durante el año 2014 junto al músico Josué Geredús, y a la actriz Belén Orozco creó la obra de teatro “La boca”. En junio de 2015 publicó su primer libro de cuentos “Cruzar la calle” (Ediciones Croupier) y en julio del 2016 ganó el segundo premio del Primer Certamen Latinoamericano de Literatura “Palabras en el Agua” organizado por la cátedra UNESCO de la Universidad Nacional del Litoral con el cuento “Río Seco”. En 2017 publicó en Granada, España, “El balcón y el árbol”  y “El pájaro y el árbol”, una serie de poemas ilustrados por el grupo artístico Colectivo Entramados. En 2018 el sello mexicano Taller del mago, editó por segunda vez “Cruzar la calle”. Su cuento Violetas acaba de ser finalista en el Premio Internacional de Cuento Breve Francisco González Ruiz, en Madrid.

 



jueves, 1 de octubre de 2020

Nadie va a llevarte al hospital después de los treinta y siete, por Juan Coronel

 


KANBHIK


Los obsesivos cobran notoriedad

frente a un espejo manchado.

Las personas gatean

con cuentos de Alejandro Zambra

entre las manos,

algunos arrastrándose como koalas,

otros como cartas de amor.

 

Es dificil ser bueno porque ser bueno

Se nace y acá nos enseñaron a ir

por el camino fácil del odio

o la astrología.

Punto para nadie.

 

Chicos preparen sus fiestas electrónicas,

algún freestyle

o compren 8.000 pesos

de tickets para ver bandas

que no son de Liverpool.

Sean empleados desahuciados

de la cultura de engranaje.

 

"Pobre negro", me dice un intelectual

(porque es fácil ser intelectual en Facebook)

 

"Sacaste el turno de punk tarde" le digo yo.

 

Me atacan las hormonas

y los terapeutas me rapean.

Tengo más problemas que canciones

y no hay cerveza en la heladera.

 

Por ahi, el día, que descubras

que significa Kanbhik,

crucemos el mar

completamente ahogados.

 

Por ahí, estoy empezando a sospechar

que el amor de mi vida vive en Turquía


*

 

ROCK AND ROLL


Nadie va a escuchar nuestro disco solista después de morir.

Nadie va a llevarte al hospital después de los treinta y siete.

Nadie se va a acercar a tu consola para subirte el volumen de la voz.

Nadie va a apoyar tus canciones en las estaciones radiales FM.

Nadie va a creer que tu mensaje es más grande que el cartel.

Nadie va a entender que tu postura no llega ni siquiera a pose.

Nadie va a pedirte argumentos cuando salgas a defender tu opinión.

Nadie va a defenderte cuando confundan tu actitud con ego.

Nadie va a aplaudir cuando agaches la cabeza para que hable el éxito.

Nadie va a entender la milonga de tu vida si nunca contaste sobre las veredas del Abasto.

Nadie se va a poner tus remeras si no las compraste en Lee Chi

 

Lo único que aprenderás

del rock and roll

es a coger sin amor.

 

 *

 

TREINTA AÑOS ADENTRO DE UN BAÑO

 

Si me dieran a elegir

una última imagen

antes de morir:

 

No te eligiría.

 

No por crueldad ni por despecho.

 

Es que los mejores deseos

acaban con uno

y en casa del ahorcado

no se menciona la soga.

 

LA ÚLTIMA CENA

 

¿Te acordás cuando creíamos que escribiendo

una novela nos salvariamos?

 

Ahora entendimos como es

el ambiente editorial

y como son los escritores,

los artistas, las radios,

las gacetillas, las entrevistas,

los medios en general.

Partimos de la base

de que somos una generación

de incrédulos bocones

enojados en redes sociales,

treintañeros malcriados

por sus padres

que nos dejarán

la herencia

de volver para atrás,

nunca compraremos un terreno,

oleremos a "Victoria Secret",

llenaremos un álbum

de vínculos inestables,

cambiaremos abrazos

por emoticones,

dejaremos un capital

en manos de otros,

un WhatsApp escrito

sobre un Jack Daniels,

montañas de imprecisiones

llenándonos la boca hablando de otros.

Terroristas psicológicos dejando bombas

de torpezas en el corazón de la RAE,

y ambiguo respeto por la solidaridad.

Dándole importancia más al lenguaje

que a la destrucción de las multinacionales

apretando fuerte el pomo del dentífrico

para limpiarnos la culpa de lo que no dijimos.

 

¿Te acordás cuando creíamos

que podíamos sentir con autenticidad?

¿Te acordás cuando me llamaste

desde la cabina

del desamor

brindando por los nuestros?

 

¿Te acordás de Parque Lezama,

El Habito bar,

Pablito Ramos, camperas de misfits,

Bochatón del otro lado del río, 

el plomero

que te gustó,

las 69 canciones de amor?


 

Juan Coronel (Argentina) se autodefine como poeta de trap. No sabe lo que es el amor pero sabe que tiene 30 años y que nació en Almagro y vivió toda su vida en Talar. El barrio más parecido a la Aberdeen de Kurt Cobain. Juan se considera un concepto más allá de los tempos del poeta. La impronta es su fuerte y su verborragia recuerda incesante a esos libros nocturnos de Panero, Brautigan, O' Hara ó José Sbarra. Esas nieblas preciosas que le regalaron Arlt, Sábato, Kundera o Palahniuk. Tiene publicados cinco libros: Frágil caballo (2015, Santos Locos), Fiebre (2015, Centro y Fuga), Murió campera  (2017, Gato Misántropo), Tramadol (2018, Rama Dorada), Un millón de Charlys Garcías sobrios (2019, Gato Misántropo). Su penar no descansa y en la última brújula encontró su perdición. Amante de la buena comida, el alcohol barato y las personas sinceras, él abre las puertas de su cuerpo-hogar y te invita a reconocerte en sus poemas alterados por la droga que es la soledad.