martes, 2 de junio de 2020

Incertidumbre, por Juan Miguel Idiazabal





I

Incertidumbre, cómo explicarle eso a una persona.
Incertidumbre es estar en un campamento con la escuela. Están jugando a un juego tipo el grillo en grupo. Salir del camping donde está tu carpa. Ves a unos tipos sobre la ruta, no es el otro equipo. Los ves alejarse. Se acerca una camioneta llena de tipos, te amenazan. Saltás frente a un tipo que amenaza con darte un tiro si no le decís lo que quiere escuchar a la vera de la ruta cuando tenés 15 o 16 años. Todo porque tus compañeros, esos que se creían los más pijas y los más pulentas, se hicieron los locos frente a un desconocido que les estaba haciendo preguntas muy incómodas para que la profesora a tu lado pudiera responder. Junto a ella, solucionas las cosas con el corazón imitando a Roger Taylor en un solo satánico.
Incertidumbre es ir a un bar. Un tugurio cualquiera sólo porque te invitaron a leer a un evento del que no sabes nada salvo el nombre: La Prosa Mutante. No conocés a nadie. Te sentás con tus hojitas en una mesa delante de todo. Dos chicas que no conoces te piden sentarse con vos, les decís que sí. Charlan, se toman algo con vos. El lugar está lleno. Te tiemblan las manos cuando subís al escenario. La voz se te está por quebrar en la primera palabra. A medida que leés, tomás fuerza. Esa energía que te paralizaba, ahora te vitaliza. Desde ese día, no faltás salvo por fuerza mayor. Ya no importa que sólo sean vos y tus hojas.
Incertidumbre fue elegir estudiar para ser traductor, luego sin casi pensarlo mucho. Solo yo y la almohada de testigo de mis procesos mentales. Esa decisión que luego de 3 años me embarcó en la vertiginosa vida dividida entre una cama en La Plata y el trabajo y el estudio en Buenos Aires. Volver a la ciudad de los lobos marinos de piedra para continuar como escollera mi especialización en docencia. Durante ese tramo especializarme en Procesos Judiciales. Las noches en vela traduciendo. Los kilómetros fríos sobre el asfalto del colectivo para llegar a esas escuelas rurales y nocturnas.
Incertidumbre es decidir sumarte a un grupo, a correr. Esa actividad que nunca pudiste hacer pues los pulmones nunca te dieron para tanto. La noche fría, cargada de esa humedad que se pega en la ropa por dentro y por fuera. Escuchar al entrenador que te grita, - ¡Dale, vos podés! ¡Una vuelta más! - Seguir hasta caer en la cama rendido a las 11 de la noche. Sonriendo entre extraños con la misma cara de cansado que vos durante año y medio.
Incertidumbre es levantarte una mañana con el destino en la cabeza: China, sólo, sin hablar el idioma, con una valija y el inglés como mis aliados. Anunciarle a tu mamá: “Me voy a China en Marzo”. Perdido en el éter de la vida, tomé una de las decisiones más importantes de mi vida con la almohada otra vez como única aliada. Siete de los mejores meses me esperaron. Llenos de peripecias y aventuras, pero mierda, que buenos siete meses fueron al final de cuentas.
Incertidumbre es una llamada que cambia tu vida. Literalmente, de la noche a la mañana. Dejar todo. Viajar 56 horas para ver a tu papá que se muere. Agarrar tu caparazón y usarlo de escudo. Caminar pasillos desinfectados de virus y bacterias, pero repletos de mentes enfermas. Levantar el ataúd, de eso que hasta horas antes era tu viejo, y salir rumbo a lo desconocido del mañana.
Incertidumbre es chatear con alguien que conoce tu vida mejor que vos. Te leyó los pensamientos en línea. Descifró algunos de tus secretos, y quiere aprender el idioma de los que les falta. Encontrarla con la cabeza dentro del horno con los guantes de goma puestos, embadurnada en espuma limpiadora. Reír juntos ante lo absurdo. Dormirse de madrugada transpirados, salivados, colgados de los ojos del otro luego de una sesión de carnalidad desenfrenada. Despertar con todos tus órganos en su lugar. Buscarle la quinta pata al gato juntos en los meses que vendrán hasta enamorarse como dos adolescentes estupidificados por las hormonas.
Sólo mis pensamientos y yo. Siempre de la noche a la mañana, mirando al futuro incierto sin temor. Eso es la incertidumbre. El instante en que se apodera de vos una energía igual a la de saltar al frente de un tipo amenazante. A la de tomar decisiones por impulso.
Sos un impulso que todo lo puede.
La incertidumbre es sólo un momento de duda frente al impulso, tómalo o déjalo. Yo sigo eligiendo tomarlo. La vida es muy aburrida para no hacerlo.

II

Levantarte de la cama,
el nanosegundo
exacto
en el cual tomamos la decisión,
allí, todos tememos
apoyar nuestros pies,
resbalarnos camino al baño,
partirnos la cabeza
contra el inodoro
cagado,
que nos encuentren así,
semidesnudos,
con la cabeza manchada
de mierda y sangre.
Ese instante profético
al que no escuchamos nunca.
Ese momento de claridad deífica
al que nunca escuchamos,
eso es la incertidumbre




Juan Miguel Idiazabal, (Argentina, Mar del Plata) (1984). Traductor Público y Docente de Inglés. Miembro del colectivo La Prosa Mutante; de la SEA; y de la Asociación de Escritores de Euskadi. Publicó 10 libros a la fecha, el último es Mateando con Mao (2019, Rangún). Dirige el sello independiente Herensuge. Participó de más de 50 publicaciones en antologías, revistas y diarios tanto impresas como digitales en español e inglés.

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