I
Incertidumbre,
cómo explicarle eso a una persona.
Incertidumbre
es estar en un campamento con la escuela. Están jugando a un juego tipo el
grillo en grupo. Salir del camping donde está tu carpa. Ves a unos tipos sobre
la ruta, no es el otro equipo. Los ves alejarse. Se acerca una camioneta llena
de tipos, te amenazan. Saltás frente a un tipo que amenaza con darte un tiro si
no le decís lo que quiere escuchar a la vera de la ruta cuando tenés 15 o 16
años. Todo porque tus compañeros, esos que se creían los más pijas y los más
pulentas, se hicieron los locos frente a un desconocido que les estaba haciendo
preguntas muy incómodas para que la profesora a tu lado pudiera responder.
Junto a ella, solucionas las cosas con el corazón imitando a Roger Taylor en un
solo satánico.
Incertidumbre
es ir a un bar. Un tugurio cualquiera sólo porque te invitaron a leer a un
evento del que no sabes nada salvo el nombre: La Prosa Mutante. No conocés a
nadie. Te sentás con tus hojitas en una mesa delante de todo. Dos chicas que no
conoces te piden sentarse con vos, les decís que sí. Charlan, se toman algo con
vos. El lugar está lleno. Te tiemblan las manos cuando subís al escenario. La
voz se te está por quebrar en la primera palabra. A medida que leés, tomás
fuerza. Esa energía que te paralizaba, ahora te vitaliza. Desde ese día, no
faltás salvo por fuerza mayor. Ya no importa que sólo sean vos y tus hojas.
Incertidumbre
fue elegir estudiar para ser traductor, luego sin casi pensarlo mucho. Solo yo
y la almohada de testigo de mis procesos mentales. Esa decisión que luego de 3
años me embarcó en la vertiginosa vida dividida entre una cama en La Plata y el
trabajo y el estudio en Buenos Aires. Volver a la ciudad de los lobos marinos
de piedra para continuar como escollera mi especialización en docencia. Durante
ese tramo especializarme en Procesos Judiciales. Las noches en vela
traduciendo. Los kilómetros fríos sobre el asfalto del colectivo para llegar a
esas escuelas rurales y nocturnas.
Incertidumbre
es decidir sumarte a un grupo, a correr. Esa actividad que nunca pudiste hacer
pues los pulmones nunca te dieron para tanto. La noche fría, cargada de esa
humedad que se pega en la ropa por dentro y por fuera. Escuchar al entrenador
que te grita, - ¡Dale, vos podés! ¡Una vuelta más! - Seguir hasta caer en la
cama rendido a las 11 de la noche. Sonriendo entre extraños con la misma cara
de cansado que vos durante año y medio.
Incertidumbre
es levantarte una mañana con el destino en la cabeza: China, sólo, sin hablar
el idioma, con una valija y el inglés como mis aliados. Anunciarle a tu mamá:
“Me voy a China en Marzo”. Perdido en el éter de la vida, tomé una de las
decisiones más importantes de mi vida con la almohada otra vez como única
aliada. Siete de los mejores meses me esperaron. Llenos de peripecias y
aventuras, pero mierda, que buenos siete meses fueron al final de cuentas.
Incertidumbre
es una llamada que cambia tu vida. Literalmente, de la noche a la mañana. Dejar
todo. Viajar 56 horas para ver a tu papá que se muere. Agarrar tu caparazón y
usarlo de escudo. Caminar pasillos desinfectados de virus y bacterias, pero
repletos de mentes enfermas. Levantar el ataúd, de eso que hasta horas antes
era tu viejo, y salir rumbo a lo desconocido del mañana.
Incertidumbre
es chatear con alguien que conoce tu vida mejor que vos. Te leyó los
pensamientos en línea. Descifró algunos de tus secretos, y quiere aprender el
idioma de los que les falta. Encontrarla con la cabeza dentro del horno con los
guantes de goma puestos, embadurnada en espuma limpiadora. Reír juntos ante lo
absurdo. Dormirse de madrugada transpirados, salivados, colgados de los ojos
del otro luego de una sesión de carnalidad desenfrenada. Despertar con todos
tus órganos en su lugar. Buscarle la quinta pata al gato juntos en los meses
que vendrán hasta enamorarse como dos adolescentes estupidificados por las
hormonas.
Sólo mis
pensamientos y yo. Siempre de la noche a la mañana, mirando al futuro incierto
sin temor. Eso es la incertidumbre. El instante en que se apodera de vos una
energía igual a la de saltar al frente de un tipo amenazante. A la de tomar
decisiones por impulso.
Sos un
impulso que todo lo puede.
La
incertidumbre es sólo un momento de duda frente al impulso, tómalo o déjalo. Yo
sigo eligiendo tomarlo. La vida es muy aburrida para no hacerlo.
II
Levantarte de la cama,
el nanosegundo
exacto
en el cual tomamos la decisión,
allí, todos tememos
apoyar nuestros pies,
resbalarnos camino al baño,
partirnos la cabeza
contra el inodoro
cagado,
que nos encuentren así,
semidesnudos,
con la cabeza manchada
de mierda y sangre.
Ese instante profético
al que no escuchamos nunca.
Ese momento de claridad deífica
al que nunca escuchamos,
eso es la incertidumbre
Juan Miguel
Idiazabal, (Argentina, Mar del Plata) (1984). Traductor Público y Docente de
Inglés. Miembro del colectivo La Prosa Mutante; de la SEA; y de la Asociación
de Escritores de Euskadi. Publicó 10 libros a la fecha, el último es Mateando
con Mao (2019, Rangún). Dirige el sello independiente Herensuge. Participó de
más de 50 publicaciones en antologías, revistas y diarios tanto impresas como
digitales en español e inglés.
No hay comentarios:
Publicar un comentario