lunes, 15 de junio de 2020

Breve Devocionario de Nubes Pasajeras, por Christian Kupchik

Cassander Eeftinck Schattenkerk



Borges, uno y el otro
 
I
 
Imaginen un día de sol, hace muchos años. 
Imaginen que caminan conmigo por la calle Florida. 
Del brazo derecho llevo a una robusta acompañante; 
la mano izquierda se cierra sobre el puño 
que sostiene el viejo bastón nórdico. 
Ese hombre se unió a nosotros, 
pero no era Borges.
 
II
 

Vivió dos vidas.
En una se divirtió. En la otra se aburrió.
En una fue Jorge Luis Borges.
En la otra su recuerdo.
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Sentencias del hombre que está solo…

Pasó sus años en la espera.
Esperó una Ana. 
Esperó un tren. 
Esperó una recomendación.
Al fin, esperó el fin.
Una vez arribado
también el fin pasó.

Boris N. Bugaev, llamado Andrei Bely

“Y pensar que Bely,
en su lengua,
quiere decir blanco.”

Más que a las ciencias exactas o Buda,
amó la nada.
Más que el vodka o el foxtrot,
amó la noche.
Nocturna es su más adorable novela
Petersburgo,
poblada de espejos que reflejan
los contornos del vacío.
Diurna –quizás por un despecho del Destino–
fue su muerte: el último día de diciembre 1933
se aventuró en una tonta playa de Crimea.
Una insolación invernal lo habría matado.


Musil, el evanescente

Una foto de 1916
en el jardín de la pensión Fortuna
lo descubre como siempre:
el más elegante de la Kakania.
Era la gracia propia de un país
que nunca existió.
Algo distante, es cierto,
como si no fuese él,
ni ese jardín perteneciera a la pensión
o la pensión a la Tierra.
Allí habitaba
indiferente al disparo de la cámara,
como si el mundo fuese
una lábil broma banal
bajo sus pies.

Felisberto, pianista sin teclas

Como pianista autodidacta
colmaba de notas silenciosas
el rumor de las películas mudas.
Como escritor consumado,
considerado entre los más amables
o insolentes a ambas orillas del río,
se negó a cerrar con finales
sus historias.


M. Rubio, boxeador inesperado

“…cuando suena la campana, te sacan el banquito 
y uno se queda solo.”
Oscar “Ringo” Bonavena


Se cuidó en la báscula y utilizó sus mejores plumas
para lanzar jabs demoledores y uppercuts letales
sobre mandíbulas de cristal.
No hubo un solo fantasma de la pampa
que le aguantara más de un round.
Los reflectores enfocaron hacia otro lado,
pero a él no le importó.
Recogió el cinturón, alzó los guantes
y se perdió en la niebla.
Cada tanto reaparece en algún pueblo olvidado.
Sube al ring, saluda para nadie,
y cumple con su misión.
El invicto es suyo.
Lo otro también.





*Poemas inéditos

Christian Kupchik (Argentina) traductor del sueco, noruego, francés, inglés y portugués. Tradujo obras de Strindberg, Ibsen, Balzac, Perec, Pessoa, entre otros.
Experto en literatura de viajes, compiló los libros “El camino de las damas” (Escritoras viajeras), “En busca de Cathay” (Travesías por los enigmas de la ruta de la seda), “La ruta argentina” (El país contado por viajeros) y “Las huellas del río” 
Publicó cinco libros de poesía (uno de ellos, Transatlantik, en sueco), uno de relatos (Fuera de Lugar, Cal y Canto, Montevideo, 1996), el ensayo sobre el filósofo y visionario sueco Emmanuel Swedenborg, La Arquitectura del Cielo (Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2003)
Dirige la exquisita revista Siwa.



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