Cassander Eeftinck Schattenkerk
Borges, uno y el otro
I
Imaginen un día de sol, hace muchos años.
Imaginen que caminan conmigo por la calle Florida.
Del brazo derecho llevo a una robusta acompañante;
la mano izquierda se cierra sobre el puño
que sostiene el viejo bastón nórdico.
Ese hombre se unió a nosotros,
pero no era Borges.
II
Vivió dos vidas.
En una se
divirtió. En la otra se aburrió.
En una fue Jorge
Luis Borges.
En la otra su
recuerdo.
----------------
Sentencias del hombre que está solo…
Pasó sus años en la espera.
Esperó una Ana.
Esperó un tren.
Esperó una recomendación.
Al fin, esperó el fin.
Una vez arribado
también el fin pasó.
Boris N. Bugaev, llamado Andrei Bely
“Y pensar que Bely,
en su lengua,
quiere decir blanco.”
Más que a las
ciencias exactas o Buda,
amó la nada.
Más que el vodka
o el foxtrot,
amó la noche.
Nocturna es su
más adorable novela
Petersburgo,
poblada de
espejos que reflejan
los contornos
del vacío.
Diurna –quizás
por un despecho del Destino–
fue su muerte:
el último día de diciembre 1933
se aventuró en
una tonta playa de Crimea.
Una insolación
invernal lo habría matado.
Musil, el evanescente
Una foto de 1916
en el jardín de
la pensión Fortuna
lo descubre como
siempre:
el más elegante
de la Kakania.
Era la gracia propia
de un país
que nunca
existió.
Algo distante, es
cierto,
como si no fuese
él,
ni ese jardín
perteneciera a la pensión
o la pensión a
la Tierra.
Allí habitaba
indiferente al
disparo de la cámara,
como si el mundo
fuese
una lábil broma
banal
bajo sus pies.
Felisberto, pianista sin teclas
Como pianista
autodidacta
colmaba de notas
silenciosas
el rumor de las
películas mudas.
Como escritor
consumado,
considerado
entre los más amables
o insolentes a
ambas orillas del río,
se negó a cerrar
con finales
sus historias.
M. Rubio, boxeador inesperado
“…cuando suena la
campana, te sacan el banquito
y uno se queda
solo.”
Oscar “Ringo” Bonavena
Se cuidó en la
báscula y utilizó sus mejores plumas
para lanzar jabs
demoledores y uppercuts letales
sobre mandíbulas
de cristal.
No hubo un solo
fantasma de la pampa
que le aguantara
más de un round.
Los reflectores
enfocaron hacia otro lado,
pero a él no le
importó.
Recogió el
cinturón, alzó los guantes
y se perdió en
la niebla.
Cada tanto
reaparece en algún pueblo olvidado.
Sube al ring,
saluda para nadie,
y cumple con su
misión.
El invicto es
suyo.
Lo otro también.
Lo otro también.
*Poemas inéditos
Christian Kupchik (Argentina) traductor del sueco, noruego, francés,
inglés y portugués. Tradujo obras de Strindberg, Ibsen, Balzac, Perec, Pessoa,
entre otros.
Experto en literatura de viajes, compiló los libros “El
camino de las damas” (Escritoras viajeras), “En busca de Cathay” (Travesías por
los enigmas de la ruta de la seda), “La ruta argentina” (El país contado por
viajeros) y “Las huellas del río”
Publicó cinco libros de poesía (uno de ellos, Transatlantik,
en sueco), uno de relatos (Fuera de Lugar, Cal y Canto, Montevideo, 1996), el
ensayo sobre el filósofo y visionario sueco Emmanuel Swedenborg, La Arquitectura
del Cielo (Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2003)
Dirige la exquisita revista Siwa.


Muy buenos, Christian. Como siempre.
ResponderEliminarMuchísimas gracias...
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarQue viva la poesía colorida,
ResponderEliminarque se tiñe cual telas de batik,
pintada por Magritte, Hopper y Frida,
y traducida por Christian Kupchik.
Me encantaron, Christian. Te mando un abrazo.
ResponderEliminar